Ecuador: La pseudo-revolución sí será retransmitida

Ecuador: La pseudo-revolución sí será retransmitida

07/07/2015 at 7:39 pm /

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Quienes pensasen que, tanto las oligarquías latinoamericanas, como el gobierno de los Estados Unidos iban a permanecer impasibles ante la proliferación de procesos emancipatorios en todo el continente, estaban profundamente equivocados. Durante décadas, en la segunda mitad del siglo XX, Cuba sobrevivió con éxito a invasiones, atentados, sabotajes e intentos de magnicidio permanentes, pero no tuvieron la misma suerte —o la misma capacidad de enfrentar al imperio— países como Chile, Nicaragua, El Salvador, Paraguay, Guatemala… y tantos otros que sí sucumbieron a los intentos de desestabilización dirigidos o patrocinados por el insaciable vecino del norte.

Tras décadas de convivencia con el neoliberalismo más feroz, con escuadrones de la muerte, con torturas, represión, mercenarios, fosas comunes, con los cachorros de la Escuela de las Américas campando a sus anchas por doquier… por el principio político de la reacción-acción, la situación comenzó a revertirse paulatinamente hasta el punto de que Estados Unidos ha sido expulsado por fuerzas populares de buena parte de la región. Ver de nuevo al sandinismo o al FMLN en el poder, a Cuba en plena forma doblegando a EEUU, junto a gobiernos progresistas en Brasil, Chile, Argentina, Uruguay… o socialistas en Venezuela, Bolivia o Ecuador, se antoja una situación perfecta para consolidar un estatus favorable para el progreso humano, la proliferación de estados sociales redistributivos, la creación de una clase media… además de favorecer los procesos de integración regional mediante instituciones supranacionales sin la tutela férrea del imperio. No hay más que ver, por ejemplo, los índices de desarrollo humano para comprender lo que se ha ido logrando en Latinoamérica durante los últimos años libres del yugo estadounidense.

Sin embargo, el cierto abandono de la presión política y militar sobre el antaño conocido como «patio trasero» durante varios lustros, por causa del empantanamiento imperial en varias guerras fallidas en Asia y Oriente Medio, no podía durar para siempre. Así las cosas, el presidente Obama ya revivió la IV Flota del Comando Sur, no activada desde el fin de la II Guerra Mundial, e inició un nuevo programa de golpes de estado para tratar de revertir la situación del continente adaptándose a las nuevas estrategias puestas en marcha recientemente tanto en la Europa del este como en Oriente Medio. Así las cosas y a falta de una denominación común que las identifique como «revoluciones de colores» o «primaveras árabes», Latinoamérica vive su particular oleada de golpes de estado «suaves».

Los hemos visto triunfar en Honduras, cuando Zelaya trató de acercarse a la alternativa humanista del ALBA, y contra Lugo en Paraguay. En ambos casos ya no se trató de levantamientos militares al uso, entrenados en contrainsurgencia y violaciones de los derechos humanos en Estados Unidos, sino de golpes parlamentarios a veces incluso presentados como salidas «democráticas» con el uso de aparatos estatales creados a medida de antiguos regímenes poco respetuosos con la voluntad popular. Pero, afortunadamente, lo que más hemos visto han sido fracasos de las primaveras Latinoamericanas. Han fracasado en Venezuela una y mil veces, aunque el grado de polarización que han inducido en el país es absolutamente insoportable y el clima instaurado allá es bastante explosivo. Han fracasado en Bolivia, donde Evo está afianzando su proyecto a base de éxitos económicos y democráticos. Y hna fracasado más recientemente en Ecuador, aunque aún se sufren las secuelas del proceso de desestabilización de las últimas semanas.

El proceso es bien sencillo, conocido y no por ello ya en desuso. Durante años, desde EEUU se alimenta a través de fundaciones ligadas a la CIA, a ciertos estómagos agradecidos que pretenden convertir en disidencia futura. La ayuda para la cooperación al desarrollo es otra fuente importante de infiltración en determinados países, aunque los quintacolumnistas más eficaces suelen ser los estamentos militares, cuyas cúpulas han sido entrenadas durante decenios en golpismo antidemocrático en Fort Benning, una base militar en el estado de Georgia. Con medios de comunicación controlados por las oligarquías locales puestos a disposición de la asonada, se manipula, se miente o se magnifica cualquier decisión de un gobierno democrático para provocar un levantamiento popular en el que hay que infiltrar elementos violentos que creen el caos suficiente como para que sea necesaria la intervención de la policía o incluso del ejército.

En ese momento entrarán en juego los medios occidentales, tan «garantes de la libertad» como acostumbran, para denunciar los supuestos abusos gubernamentales y tratar de deshumanizar y deslegitimar al presidente y el gobierno del país en cuestión con objeto de presentarlo como merecedor de ser derrocado, proporcionando carta de naturaleza y marchamo democrático a los manifestantes. Luego se pedirán sanciones, bloqueos, denuncias en organismos internacionales e incluso la intervención extranjera. El mundo aplaudirá las revueltas al son que toca la prensa libre y respirará aliviado cuando el tirano caiga por la voluntad democrática de su pueblo expresada, no ya en las urnas, sino en las calles.

Sin embargo, en Ecuador han vuelto a tocar en duro. Correa, tras Putín, es el segundo presidente más valorado por su población de todo el mundo, por lo que organizar una revuelta popular significativa y representativa es poco menos que imposible. El motivo explicitado por el que se produjeron las revueltas, era el futuro establecimiento de un impuesto progresivo de sucesiones o herencias —conocido como Ley Orgánica para la Redistribución de la Riqueza— y otro a los réditos financieros obtenidas en venta de tierras y viviendas —La Ley de Plusvalía—, unas medidas recaudatorias inscritas en el contexto de un gobierno social de derecho, existentes en multitud de países de todo el mundo que, en la práctica, sólo iban a afectar a las clases más pudientes del país.

Siguiendo el guión preestablecido, las imágenes de violencia contra la policía fueron debidamente ocultadas de la vista de la mayoría de la opinión pública, especialmente de la internacional. Dos militares de alto rango se unieron a la conspiración y estaban prestos a tomar el edificio presidencial y algunas infraestructuras básicas del estado, apoyados por algunos dirigentes políticos de la oposición, incluido algún parlamentario. La novedad es esta ocasión ha sido la difusión de intoxicaciones en redes sociales y mensajes de móvil para hacer creer que está en marcha una operación militar a gran escala contra el gobierno, también se dice que que va a instaurarse un corralito financiero en breve, para así provocar retiradas de depósitos y problemas financieros reales, e incluso anunciando inexistentes problemas de desabastecimiento para crear pánico y llegar a provocarlo en la práctica si la ciudadanía hace acopio de productos.

Evidentemente, todo responde a un minucioso plan absolutamente meditado en distintos frentes que se van activando según el devenir de los acontecimientos. La idea es crear caos, inseguridad y un clima de inestabilidad que propicie la acogida de la asonada golpista como elemento de supuesta estabilización. Quienes piensen que la mano norteamericana no puede estar detrás de lo que sucede ahora en Ecuador ignora todo sobre la historia del continente. Por citar un dato cercano, es conocido que Estados Unidos, por ejemplo, gastó casi 90 millones de dólares para que Correa no ganase las elecciones de 2013 y no es creíble que, desde entonces, haya cambiado su actitud ante la Revolución Ciudadana del país andino. Los motivos aducidos para iniciar el golpe «suave», aún dolosos para la oligarquía, no lo son para más del 95% de la población, todo lo contrario, se verán ampliamente beneficiados por ellas; por eso, a poco que se explique el alcance de ambas leyes en el proceso de debate abierto, no conseguirán seguir engañando a nadie por más tiempo, salvo a los propios miembros de la oligarquía financiera y terrateniente de Ecuador.

Sin motivos reales, con una oposición dividida, con la gigantesca popularidad de Correa, con la fuerza creciente de Alianza País y con la consolidación de la Revolución Ciudadana… es de prever que la intentona golpista tenga los días contados. El pueblo ecuatoriano no renunciará fácilmente a sus conquistas y menos aún por la intervención de una banda de forajidos que pretende poner las riquezas del país en manos de poderes extranjeros a cambio de unas migajas con las que preservar su patrimonio e influencia a costa del bienestar de la mayoría de la población del país.

Copyleft, Juanlu González

biTs RojiVerdes

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