Ingeniería social: la población como objetivo de la guerra imperialista (II)

El  hambre es un arma de guerra mas. Las guerras mundiales tuvieron en Europa un claro origen de saqueo. Sobre todo de los recursos agrícolas de la Europa del Este y Rusia (y en la segunda de la Unión Soviética). El Imperio Británico vivía (vive) de la explotación de sus colonias (o neo-colonias). EEUU, potencia imperial, en principio puede alimentar su población con sus recursos. Pero el carácter parasitario de su economía le obliga a continuas aventuras imperiales, para mantener su estatus de potencia privilegiada. Esto se basa en que el dólar es la moneda de atesoramiento y cambio mundiales (sobre todo por que es la moneda en la que se comercia con el petróleo). Su poder económico se basa solo en la  manivela de la reserva federal para imprimir billetes de dólar. Todo esto es sabido. Pero la cuestión de los cambios sociopolíticos, acaecidos como consecuencia del impacto de las guerras en la estructura social y en la población, son algo menos conocido. Cuando la mas de las veces es el resultado que se busca con la guerra moderna, que es imperialista y total. Y en la que, mas que una victoria militar clásica, se busca una victoria política y económica. Por tanto todos los aspectos de la vida económica, social y política son armas, se puede destruir con ellos. Los recortes en sanidad: ¿no matan?, ¿no son armas de guerra eugenésicas contra la población? . El sistema capitalista se basa en el despilfarro (máximo beneficio por mínimo costo) de recursos. Para una agricultura rentable, son necesarias cada vez mas y mas hectáreas de tierra fértil. Una característica de las sociedades capitalistas es la aparición de un excedente de población, que primero abandona el campo  para emigrar a la ciudad, dentro de su área nacional. Para vender su fuerza de trabajo, tirando del salario para bajo, por la oferta de tantos brazos. Pronto el “área nacional” no tiene suficiente tierra fértil para abastecer  la producción de alimentos  (conforme las leyes del mercado), necesaria para mantener la  población suficiente,  para que el mercado (sobre todo el de la fuerza de trabajo) funcione. Hay que ir a buscarla fuera de las fronteras,  a la vez  que reducir la población sobrante. La guerra permite  al sistema conseguir tales objetivos. Pero volamos al mercado. Ya no se trabaja para producir bienes  de consumo inmediatos, sino para obtener un salario. Con el que comprar los bienes necesarios para la vida. Es la economía basada en el mercado. Pero para que el mercado pueda funcionar se basa en la escasez. Escasez creada artificialmente, mediante el dinero ( se pueden  adquirir  tantos bienes necesarios para vivir como dinero disponible para comprarlos se tenga). Y este, el dinero,  en última instancia, es deuda, es crédito. Siempre hay exceso de población sobre los bienes que puede proveer el mercado (los que se pueden comprar con dinero).  Y cuando hay exceso de infraestructuras, viviendas, maquinaria … y sobro todo población, que de, necesaria para que funcione la competencia del salario, ha pasado a ser peso muerto (bocas que alimentar  en cuerpos que ya no producen, y que, con los bolsillos vacíos, ya no pueden comprar), aparece el único correctivo que conoce el mercado. LA GUERRA, siempre la guerra. Clausewitz escribió que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Nadie (salvo Lenin en su Imperialismo Fase Superior del Capitalismo) ha prestado atención a su autocrítica: “he escrito que la guerra es la continuación de la política por otros medios, pero estaba equivocado. LA GUERRA ES LA CONTINUACIÓN DEL COMERCIO”.  Por tanto la guerra es inherente al mercado. Sinónimo de capitalismo. Es la lógica del darvinismo social: no hay  comida para todos. O ellos o  nosotros. La ley del mas fuerte. Todo muy fácil de entender por la masa embrutecida. Una lógica que entra por los ojos. Nacionalismo de tribu.  Esto subyace a todas la guerras imperialistas. Obscurecido en el bando de los Aliados en la SGM, era descarnada política, proclamada a las 4 vientos, en el otro bando Italo-Germano-Japonés. En la primera post-guerra europea el tratado de Versalles supuso el pago de unas indemnizaciones, para Alemania, que la  llevaron a una inflación sideral. Fue la destrucción virtual del aparato productivo alemán, QUE NO SE HABÍA HECHO EN LA IGM, PUESTO QUE ALEMANIA NO LA PADECIÓ EN SU TERRITORIO. Tal destrucción es condición imprescindible para el inició de un nuevo ciclo de expansión. Los vencedores pueden saltársela, por el saqueo del vencido. Aunque también, en mayor o menor medida, han padecido la devastación purgante. Rapiña  y Tratado de Versalles son sinónimos. Rapiña  y “primaveras árabes”, “llevar la democracia”, “guerra contra el terrorismo”, también. Pero no sufrir la destrucción de la vieja infraestructura   es, también, un grave contratiempo. Y las vampíricas élites  anglo-americanos quisieron solventar el problema con la ingeniería financiera, y la especulación (economía de casino). Lo que les llevo a la catástrofe  económica de 1929. Aunque no hubo destrucción material (por entonces los bombardeos aéreos no habían alcanzado el grado criminal al que llegaron los demócratas occidentales en Dresde), si hubo en Alemania desabastecimiento, que trajo un hambre espantosa. A causa  del bloqueo inglés, que continuo después de la guerra contra las importaciones de alimentos alemanas, por decisión de W Churchill.  Inventor, dicho sea de paso, del sistema de los campos de concentración (que ideó  en Sudáfrica para doblegar a los Bóers). Habiendo amputado territorios agrícolas, y desarticulado el comercio natural,  y sometiendo el país a un bloqueo, que se prolongó en tiempos de paz (Alemania vio reducido su abastecimiento agrícola en un 40/50%), Inglaterra y Francia pretendieron doblegar al país mediante el hambre. A esto hay que sumar la rapiña de las reparaciones de guerra, y la ocupación de los centros industriales y mineros, causa de la super-inflación que devastó la industria nacional (destrucción de las fuerzas productivas, reduciendo su valor de mercado a 0).  Esta hambre programada por las democracias occidentales, arrasó en todo centro Europa, y en especial Alemania (720000 fallecidos por desnutrición se calcula, solo en 1918). La situación   solo era mitigada por el saqueo del granero de Ucrania. Por aquel entonces ocupada por el ejército del káiser Guillermo, donde habían puesto en Kiev un gobierno “libre y democrático”, es decir, títere y fantoche. El pueblo reaccionó, ante tal situación, con la revolución de Noviembre de 1918, que provocó el desplome del régimen del Kaiser. El nuevo gobierno socialdemócrata bien pronto defraudó a los sectores mas conscientes de la clase obrera alemana, continuando una política represiva y  de servilismo al capitalismo nacional y de las potencias aliadas. Estalló la heroica revolución Spartaquista, al influjo de la reciente revolución rusa. Esta revolución obrera, fue ahogada en sangre por el gobierno socialdemócrata.Sirviéndose éste, el gobierno socialdemócrata, de los paramilitares de extrema derecha como matarifes. Estos cuerpos (los Freicorps) serían la base del nazismo. Los aliados occidentales solo retiraron el bloqueo y permitieron el abastecimiento de la población alemana, cuando, asustados por el levantamiento de los spartaquistas, llegaron a la conclusión de que el hambre solo iba a provocar una situación explosiva “y una revolución que  podría traer el sistema soviético a Alemania, como ha pasado en Rusia” (dicho por el primer ministro británico de la época David Lloyd). Consecuencia del tratado de Versalles fue la balcanización de Europa con el desmembramiento del Imperio Austro Húngaro (convertido en estados títere de Francia e Inglaterra). Resumiendo, el ataque contra la población, consiguió sus objetivos políticos y económicos. Dislocar la estructura social, para llevar la parálisis política a la población, y convertirla en presa de la ingeniería social al servicio de los intereses de las élites. La destrucción del estado-nación, mediante la absorción de los estados pequeños,  manejando las tensiones entre los grandes (inevitables, dada la naturaleza del capitalismo), provocando transvases de población, como consecuencia de las guerras, el hambre programada, etc.  Y el establecimiento de un sistema político internacional, basado en un supuesto derecho internacional. Que diese carta blanca al derecho de injerencia en los asuntos internos de cada país, por parte de una fantasmal comunidad internacional. Lenin tenía razón cuando económicamente definía la primera guerra mundial como “un intento de unir el carbón alemán con el hierro francés”. La política de rapiña de los aliados, para conseguir tal fin, pretendía el encadenamiento de Alemania a la deuda, como única forma de poder tener una vida económica. Poner como garantía de las reparaciones de guerra el carbón y la industria nacionales, tal era el  trato que se daba a Alemania.  Pero tal política era imposible de llevar a los niveles que los vencedores pretendían. Entonces toda su política de estrangulamiento  se dirigió a impedir una revolución en Alemania, y al apoyo al movimiento nazi. Este era el perro de presa de la socialdemocracia. El pacto entre los poderes financieros de Francia, Inglaterra y EEUU y las élites de Alemania era muy simple: carta blanca a vuestro revanchismo si es re-dirijido a la URSS. Había una fuerte base material para tal alianza encubierta. El espacio geográfico, los recursos agrícolas y las materias primas de la URSS era el botín que se ofrecía a los imperialistas alemanes.  Alemania solo los podía conseguir mandando el ejército. La URSS no emitía deuda, por eso era tan odiada por los demócratas occidentales. Es fundamental entender que para conseguir los mismos fines de rapiña los Aliados occidentales tenían no solo al ejército, sino un arma mas terrible e invisible: EL ENCADENAMIENTO A LA DEUDA, LA ESCLAVITUD FINANCIERA.  A tal encadenamiento  confluyen todos los objetivos que los anglo-sionistas pretenden con la guerra. EEUU siempre ha estado en guerra, y siempre  después de la guerra ha ofrecido a los vencidos dinero “para la reconstrucción”. ¿No parece sospechoso?. A   tal arma secreta encubierta le corresponde un sistema de camuflaje mucho menos burdo que la dictadura descarnada de los nazis. El camuflaje de la democracia occidental, con el poder de las élites financieras oculto tras la fachada parlamentaria. Esto explica  la característica anglófila del régimen nazi (que le llevo a no invadir a Inglaterra, cuando era una presa fácil para las fuerzas germanas), y que se compaginaba con el imperialismo mas bestial hacia el Este de Europa  y la Unión Soviética. La marcha hacia el este,  o la conquista de los graneros y las materias primas de la entonces URSS, como condición indispensable para el mantenimiento de la economía alemana (y tras ella, la de los aliados occidentales) (continuará)

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