POR SU INTERÉS REPRODUCIMOS EL ARTÍCULO DE EDUARDO LUQUE: CATALUÑA: LA RUEDA DEL HÁMSTER

                                            Cataluña: La rueda del hámster.

Pablo Iglesias se equivocaba pero no se equivocaba. El líder de Podemos advertía que declarar la independencia de manera unilateral sería “la peor decisión posible”, ya que ayudaría a Mariano Rajoy. Se equivocaba obviamente, el varapalo sufrido por el PP ha sido enorme. Pero, al mismo tiempo, el líder de Podemos no se equivocaba: el “procés” no ha ayudado al PP en particular, pero ha puesto en marcha el proceso de reconfiguración de la derecha a nivel catalán y estatal.

Entramos en una nueva fase. Los partidos que pretenden gestionar el modelo neoliberal en nuestro país han logrado recuperar su hegemonía. Atrás quedan la ira acumulada por la crisis económica del 2008 y las poderosas movilizaciones del 15M. El bipartidismo, cuestionado entonces con un PSOE en crisis y un PP terriblemente zarandeado, ha sido capaz de mutar en otros nombres y con otras caras.

El Partido Popular se planteó desde el inicio de la gran depresión, una revisión del orden político español. Su objetivo era destruir los compromisos constitucionales del pacto de 1978. La crisis y dentro de ella el “procés” han sido la manifestación oportunista de esa ofensiva a todos los niveles contra aquellos acuerdos. Contaban, como así ha sido, con la debilidad de las fuerzas progresistas. Nuestra derrota es fruto de nuestra confusión, de la conversión de muchas fuerzas de izquierda en agencias de empleo, del abandono de la ideología como una rémora frente a la praxis diaria de la gestión del sistema. No es menor la responsabilidad del movimiento sindical en sonoros casos de corrupción y burocratización extrema. Asi  el sindicalismo ha permitido que personajes procedentes de la derecha neoliberal acaben convirtiéndose en secretarios generales de los sindicatos mayoritarios.

Visto en la perspectiva de clase, de izquierdas y derechas, el “procés” ha servido para consolidar a la derecha a costa de una enorme derrota de la izquierda: ha destruido a todos los partidos de izquierda federal en Cataluña (el PSC, ICV, EUiA y Cataluña en Comú).

La propuesta de Cataluña en comú/Podem (errática en lo político, aislada en lo social e indefinible en lo práctico) era, como sabemos, un referéndum pactado y con garantías. En realidad un artificio lingüístico que le permitiera pescar votos en todos los caladeros. Durante este tiempo las propuestas de Podemos no han sido más que “ocurrencias”: propuestas de negociación bilateral Generalitat/Gobierno, asambleas de cargos electos…. Por no concretar, jamás se explicitó porque en este debate no debían participar los otros inquilinos de este bloque de pisos llamado España. Los resultados en Cataluña ,    que tienen traslación a nivel nacional (las encuestas así lo pintan), dibujan una enorme sombra para las opciones progresistas.

Podemos y sus marcas, cada vez más auténticos reinos de Taifas, han perdido diferentes oportunidades electorales. Creyeron que era posible dar el “sorpasso” al PSOE y fracasaron, imaginaron que el “procés” abría la posibilidad de destruir al PP, apuntando hacia un horizonte progresista en lo político y cosecharon una nueva derrota. La “derechona” ha salido reforzada. La penetración de Ciudadanos en los barrios de base popular va mucho más allá de ser un caso puntual; apunta hacia una derechización de esos sectores que, huérfanos de alternativas claras desde la izquierda, han acabado confiando en las propuestas de la derecha. La ruptura de las alianzas con el PSC en el Ayuntamiento de Barcelona a cambio de la aprobación de los presupuestos se ha demostrado como otro fiasco político, ¡uno más! El Pdcat no se ha limitado a dar su apoyo, ha forzado el acuerdo previo, en una trampa en la que los comunes han entrado solitos e impone que Ada Colau se olvide de reclamar el dinero de las guarderías municipales que la Generalitat ha desviado hacia la privada.  Desafuero que le costará a la ciudadanía barcelonesa más de 80 millones.

En este período, la izquierda, huérfana de propuestas propias más allá de repetir los eslóganes de la derecha nacionalista (presos políticos, democracia de baja calidad, estado postfranquista…),  ha tenido la virtud de situar a la izquierda en el mismo espacio ideológico que la derecha independentista, desorientando completamente a su base social que ha acabado girando hacia la derecha. La confusión ha sido la marca de la izquierda en este período. Incluso los “antaño venerables adalides de la izquierda” se han enredado en debates técnico/jurídicos sobre el derecho a la autodeterminación, como si ese fuera el problema catalán. Otros, han creído que era el inicio de la Revolución tantas veces anunciada, proclamada y pospuesta. Dirigentes de la izquierda radical andaluza han visto en el procés” una fase del proceso de liberación nacional, sin querer darse cuenta que ese mismo movimiento está imbuido de un profundo supremacismo que califica al andaluz como vago y ladrón.

La crisis catalana se transforma en la rueda del hámster, da vueltas sobre sí mismo sin solución de continuidad. Puigdemont se enroca. Su única posibilidad de supervivencia política es mantener la ficción de un gobierno en la sombra. Los poderosos medios de propaganda puestos a su servicio y que el estado no ha querido controlar le permiten chantajear a sus propios socios de gobierno en especial a ERC. Pero más allá de la refriega táctica de uno u otros actores o del posicionamiento político concreto, hay otra realidad mucho más inquietante. La derecha nacionalista ha fracasado en este primer asalto al poder. Precisa, si quiere la ir más lejos, profundizar la hegemonía cultural ampliando su base social, generando un neo-relato con vocación de discurso único. Para ello debe controlar de nuevo los resortes del gobierno y la movilización social. Precisa que esta movilización continúe siendo apolítica más allá del monotema. Sus consecuencias ya las hemos visto: división vertical de la sociedad catalana entre pro y anti independentistas; desaparición del imaginario social del conflicto de clase y las responsabilidades políticas de las clases dirigentes, enfrentamiento abierto entre los sectores populares que permite desviar el foco. En definitiva: el debilitamiento de las propuestas de izquierda.

La resolución del caso “Palau” es paradigmática de como los responsables políticos del saqueo salen “de rositas”. La corrupción en Cataluña está amortizada y la clase dirigente lo sabe. El “procés” lo engulle, lo perdona y lo amnistía todo. El sí al Referéndum fue el alzhéimer de la sociedad catalana.

A la errática posición de la izquierda, perdida entre su propia retórica grandilocuente, se antepone a la visión de la derechona que entendió que era necesario reconducir la ira popular que, tras los sucesos del 11 de septiembre del 2011, había provocado una crisis de gobernabilidad y ponía en evidencia las fórmulas de dominación de las clases dirigentes.

La crisis catalana, que es una crisis del Estado y de la izquierda, es por tanto consecuencia directa de la depresión económica y la resistencia social sin que existiera un proceso de politización de las protestas. Podemos no quiso o no supo cubrir ese espacio aunque bloqueó las posibilidades de una nueva organización de fuerzas alternativas en Catalunya. La aparición de Podemos en 2014 acentuó la crisis final y la desaparición de la izquierda clásica. La falta de un análisis de clase en esta organización, en su origen avalado por el peso de las teorías de Negri o Laclau, ha provocado la invisibilización de las propuestas de la izquierda. Los principios sobre los que se construyó una visión integradora y progresista en la lucha contra el franquismo han sido ignorados y olvidados.

Las fuerzas nacionalistas han sabido utilizar los déficits de la cultura democrática de la derecha española para convertirse en mártires y apóstoles de la libertad. Así han conseguido que se identificara el Referéndum con la democracia. Aquel que haya cuestionado el referéndum, aun siendo poseedor de una nítida trayectoria de izquierda, es tildado de fascista o aliado del PP. Lo vimos cuando importantes sectores de la izquierda tildaron a Paco Frutos de fascista, mientras entonaban el panegírico en favor de los “presos” (algunos de los cuales implicados hasta el corvejón en el expolio que ha sufrido el país). De esta forma el nacionalismo ha sido capaz de  ahondar la fractura social que ahora se extiende no sólo hacia los españoles, sino hacia los otros catalanes que no opinan como ellos. Se huye del matiz porque se busca una argumentación en blanco o negro. Las opciones plebiscitarias requieren adhesiones inquebrantables. Se han diseñado para que destruyan los aspectos sustanciales que conforman la democracia. Concurrencia, debate, legitimidad social….todo ello es sustituido por la fe, el sentimiento que es alimentado de victimismo y que conduce al irracionalismo, a la creencia de entidades superiores a la propia dinámica social, en este caso la identidad colectiva.

La izquierda, y es bien patético, teoriza que el desgaste del PP en esta refriega es objetivo tan valioso en sí mismo que puede justificar el apoyo indirecto a la derecha nacionalista. La izquierda nunca puede apoyar una división vertical de una sociedad. La división implica la fractura social entre los trabajadores y dificulta la creación de espacios de creación colectiva entorno a objetivos comunes. El nacionalismo conservador crea en su lugar espacios cerrados, sin conexión social, ligados únicamente a la identidad nacional.

En el ciclo político abierto vemos como la ausencia de propuestas alternativas y creíbles por parte de la izquierda, que no sean el uso de la institución, genera a su vez la desaparición de espacios de sociabilidad. El miedo a la crisis y al empobrecimiento vital se transforma en manos de la derecha en la conciencia de una ilusoria soberanía de los pueblos frente a enemigos comunes (siempre el más cercano) o imaginarios.

El nacionalismo catalán ha sido capaz de ganar y articular hegemonía. Ha sabido aprovechar la movilización para sus propios fines. Su objetivo, y en ello coincide con la derecha española, es romper el compromiso constitucional. Las dos ofensivas se relacionan, se complementan. Una ofensiva no se entiende sin la otra. Se produce un reparto de papeles, donde la nueva legitimidad conseguida la proporcionan también las fuerzas situadas en la periferia del poder central: el PSOE, por la izquierda, la la CUP y Cataluña en Común, por el lado nacionalista. Como ya estamos viendo, se acentuará aún más.

No estamos viviendo un acercamiento táctico sino que tanto unos como otros se satelizan, se subordinan al nuevo orden que se genera y acaban por destruir cualquier alternativa real que permita salir de la crisis en que vivimos. La respuesta procesal que ha dado el gobierno de Rajoy a la crisis catalana no ha sido por falta de alternativas, por ceguera o ineptitud política. Se ha buscado, se ha perseguido este choque de trenes. Se ha evitado ofrecer a los grupos sociales un objetivo básico y común;  la recuperación de la soberanía nacional.  Se ha optado por la respuesta más radical la que iba a dividir a los sectores populares.

No es una propuesta insensata puesto que el objetivo de ruptura social ha sido el objetivo del nacionalismo español y el catalán. Se ha pretendido que las ideas de una parte (minoritaria según el resultado electoral) representen a un todo. Para conseguirlo el nacionalismo necesita construir un relato trágico, de víctimas, de héroes y excepcionalidad histórica. Alimentada con altas dosis de esencialismo. Evidentemente un compromiso por el autogobierno habría descartado este escenario. El nacionalismo español y el catalán se hayan más cómodos en un marco de ruptura y de división.

Eduardo Luque.

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Un comentario en “POR SU INTERÉS REPRODUCIMOS EL ARTÍCULO DE EDUARDO LUQUE: CATALUÑA: LA RUEDA DEL HÁMSTER”

  1. Tres apuntes:
    1) Es evidente que el régimen monárquico español es, como mínimo, profranquista. Bajo esa premisa, está justificado que la izquierda defienda la celebración de un referéndum de autodeterminación en Cataluña (llevamos en nuestros estatutos la defensa de ese derecho) porque el nacionalismo españolista es simple y llanamente opresor y profascista; el 1 de octubre quedó muy claro.
    2) Sentí vergüenza y ganas de vomitar al ver como Frutos era aplaudido con las orejas por lo peor del pp, de c’s …. y de Falange.
    3) Es mentira que “las ideas de una parte sean minoritarias según el resultado electoral”.
    Sin ser independentista, considero que seguimos perdidos en el tema catalán.

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